Dos estudiantes de Ingeniería Biomédica de la Universidad Nacional de Córdoba, Lucía Giuffrida —oriunda de Posadas— y Delfina Cid —de Neuquén—, desarrollaron una pulsera que detecta ciertos tipos de crisis epilépticas durante el sueño. El dispositivo identifica patrones de movimiento propios de las convulsiones tónico-clónicas, activa una alarma y envía notificaciones a contactos de emergencia a través de una aplicación.
El proyecto comenzó en 2024 y luego se transformó en su tesis universitaria. En la actualidad, ambas trabajan en la fabricación de nuevos prototipos para iniciar una etapa de evaluación con pacientes.
En declaraciones a FM 89.3 Santa María de las Misiones, Giuffrida contó que la propuesta tomó forma concreta tras contactar a Ivana García, directora de la Fundación Espacio Epilepsia, quien las puso en contacto con personas que conviven con la condición.
“Nosotras desarrollamos un prototipo inicial, se nos ocurrió en 2024. Después, hablando con Ivana García, porque teníamos la idea de continuarlo como tesis, ella nos dijo que era algo que podía servir muchísimo para las personas con epilepsia”, relató.
Ese intercambio les permitió conocer las necesidades de los potenciales usuarios y orientar el diseño hacia una herramienta de acompañamiento para el monitoreo nocturno.
La estudiante explicó que el sistema fue pensado específicamente para identificar movimientos asociados a las crisis tónico-clónicas, que se caracterizan por contracciones musculares y sacudidas involuntarias. Por ahora, el desarrollo no abarca otras manifestaciones de la epilepsia, aunque sus creadoras esperan ampliar sus capacidades en versiones futuras.
“Trabajamos con ese tipo de crisis. En un futuro sería buenísimo poder hacerlo con otras, como las de ausencia, pero por ahora nos concentramos en las tónico-clónicas y durante el sueño”, precisó.
Uno de los principales retos técnicos fue distinguir una convulsión de los movimientos habituales durante el descanso, como cambiar de posición o levantarse de la cama. Para resolverlo, las estudiantes analizaron la frecuencia y repetición de las sacudidas, con el fin de identificar patrones compatibles con los episodios que buscan registrar.
“Ese fue nuestro mayor desafío, realmente identificar la frecuencia de movimiento de este tipo de convulsiones. Trabajamos con la repetibilidad de los movimientos”, explicó Giuffrida.
Cuando el sistema reconoce un patrón compatible, el dispositivo activa una alarma local y envía una notificación a la aplicación vinculada. Los contactos de emergencia con acceso a esa herramienta pueden recibir el aviso incluso si están lejos de la persona que usa la pulsera.
Según la joven, las pruebas de comunicación mostraron que las notificaciones pueden llegar a distintos puntos del país sin necesidad de que el teléfono del cuidador esté cerca del dispositivo, siempre que haya conexión a Internet.
“Probamos la aplicación estando nosotras acá y con la aplicación en Buenos Aires, y funcionó al mismo tiempo. No necesariamente tenés que estar en el mismo lugar”, señaló.
Además de emitir alertas, el sistema permite recopilar datos sobre los episodios detectados, como su duración y las características de los movimientos. Giuffrida destacó que esta información puede ser útil para los profesionales de la salud, ya que durante una emergencia los familiares suelen concentrarse en asistir al paciente y no siempre pueden precisar cuánto tiempo transcurrió.
“A los médicos les sirve mucho el tiempo de duración de la crisis, también para ver cuán grave fue. Porque después les preguntan a los padres cuánto duró, e imaginate un papá preocupado por su hijo: no se va a poner a contar”, comentó.
La aplicación también incluye un registro de medicación, donde los usuarios pueden anotar los tratamientos administrados, las dosis y el uso de fármacos de rescate cuando corresponda. Así, las desarrolladoras buscan ofrecer una herramienta que facilite el seguimiento de los episodios y reúna antecedentes para las consultas médicas.
La estudiante explicó que el almacenamiento de esa información también podría contribuir a mejorar progresivamente el algoritmo de detección.
El proyecto aún se encuentra en etapa experimental. Hasta el momento, las creadoras realizaron pruebas con tres personas sin epilepsia para evaluar si los movimientos cotidianos durante el descanso podían activar alertas incorrectas. Según Giuffrida, esos ensayos no registraron falsas alarmas. También efectuaron simulaciones de convulsiones, en las que el dispositivo mostró un funcionamiento favorable.
“Probamos con tres personas que no tienen epilepsia y lo bueno es que no nos dio ninguna falsa alarma. Pudimos lograr que, cuando alguien duerme, se mueve a la noche o se levanta a tomar un vaso de agua, no suene el dispositivo”, explicó.
Sin embargo, aclaró que todavía resta comprobar su desempeño en personas que presenten crisis reales, una instancia fundamental para evaluar la eficacia y seguridad del desarrollo. Por ese motivo, las estudiantes comenzaron a preparar varios equipos que puedan ser utilizados durante períodos prolongados por participantes de futuras pruebas clínicas.
“Estamos haciendo una producción de varios dispositivos para poder arrancar la etapa clínica. La idea es dejárselos a las personas durante unos meses, que nos den sus devoluciones y nos digan si les funciona y si les resulta cómodo”, detalló.
Esta fase permitirá analizar tanto la capacidad de detección como las condiciones de uso cotidiano, especialmente durante el descanso nocturno. La joven también aclaró que, antes de una eventual comercialización, el producto deberá cumplir los requisitos regulatorios correspondientes, incluida la intervención de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
Giuffrida destacó que el trabajo cuenta con el asesoramiento de profesionales vinculados al tratamiento de la epilepsia y de docentes universitarios. Entre ellos mencionó a la médica Flavia Nieto, especialista del Sanatorio Allende, quien colabora con observaciones sobre el funcionamiento de la pulsera y su aplicación. También resaltó el acompañamiento de Ivana García, de la Fundación Espacio Epilepsia, además de los directores de tesis y profesores que participan del proceso académico.
El próximo desafío será ampliar la cantidad de prototipos disponibles y avanzar con las evaluaciones necesarias para determinar si la herramienta puede convertirse en un producto de uso médico. La posibilidad de obtener financiamiento aparece como uno de los aspectos relevantes para continuar con esa etapa, que requiere fabricar nuevos dispositivos y sostener las pruebas.
Nacida y criada en Posadas, Lucía Giuffrida se trasladó a Córdoba para estudiar Ingeniería Biomédica. Actualmente también trabaja en esa provincia, donde prevé permanecer por el momento, aunque mantiene sus vínculos familiares y personales con Misiones.
Durante la entrevista, la joven reflexionó sobre la importancia de desarrollar tecnología a partir de las necesidades concretas de quienes podrían utilizarla.
“Eso es lo que tiene mucho la facultad, que te hace enamorarte del problema y de ahí ver realmente la solución. Porque a veces nos enamoramos de algo que tenemos pensado, pero vamos, se lo presentamos a la persona y no le funciona”.
Contexto: La epilepsia es una condición neurológica crónica que afecta a millones de personas en el mundo. Las crisis tónico-clónicas, antes llamadas “gran mal”, se caracterizan por pérdida de conciencia y convulsiones generalizadas. El monitoreo nocturno es especialmente importante porque muchas crisis ocurren durante el sueño y pueden pasar desapercibidas. En los últimos años, diversos grupos de investigación y empresas han desarrollado wearables para detectar convulsiones, aunque la validación clínica y la aprobación regulatoria son pasos habituales antes de su comercialización.
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