A más de dos años de la asunción de Javier Milei, el sector fabril nacional enfrenta una de las crisis más profundas de las últimas décadas. Con motivo del Día de la Industria, un estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) muestra un panorama de recesión, apertura de importaciones sin planificación y abandono de las políticas de apoyo a las PyMEs.
Las estadísticas oficiales procesadas por el CEPA indican una caída estructural. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se perdieron 97.312 empleos registrados en la industria (-8,0%), y 4.020 fábricas cerraron sus puertas (-8,1%).
En el plano internacional, el desempeño manufacturero argentino es de los más graves. Según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), citada por el CEPA, la actividad industrial cayó 7,9% entre 2023 y 2025, lo que ubica al país en el segundo peor lugar entre 56 economías, solo detrás de Hungría (-8,2%). En contraste, Brasil (+3,5%), Chile (+5,2%) y Perú (+6,5%) mostraron crecimiento.
La caída de la producción se ve en el uso de la maquinaria. En junio de 2026, la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) fue de 59,1%, es decir, cuatro de cada diez máquinas están paradas. Excepto la refinación de petróleo (+5,2%) y un leve aumento en alimentos y bebidas (+0,3%), todos los rubros industriales tuvieron fuertes bajas en comparación con junio de 2023: metalmecánica (-30,9%), minerales no metálicos (-30,4%), automotriz (-29,9%), textiles (-27,6%) y caucho y plástico (-26,0%).
El Observatorio de Conflictividad del CEPA registró 180 casos de empresas con cierres, paradas, concursos o despidos masivos entre enero y agosto de 2026. Las PyMEs fueron las más afectadas, con el 54,4% de los conflictos, seguidas por grandes empresas nacionales (26,7%) y multinacionales (15,0%). Las medidas más comunes fueron despidos directos (29,4%) y cierres definitivos (25,6%).
Casos emblemáticos muestran la gravedad: la parálisis y concurso en el sector forestoindustrial (Forestal Tapebicuá, aserradero Linor), la quiebra de Citanova, el cese del utilitario Berlingo en Citroën (El Palomar), el concurso de Metalfor, el cierre de Cabot en Campana tras 60 años, y el concurso de la constructora Esuco por el freno de la obra pública.
El informe del CEPA atribuye la crisis a la combinación de la caída del consumo interno y una “apertura importadora no planificada”. En el primer semestre de 2026, las importaciones de bienes de consumo sumaron US$ 5.362 millones, el nivel más alto para ese período en la historia. Comparado con el primer semestre de 2023, crecieron de forma exponencial en rubros de alto valor agregado: electrodomésticos (+109,2%), prendas de vestir (+86,3%), motos y bicicletas (+67,6%) y alimentos (+51,9%).
Este fenómeno fue impulsado por decisiones del Poder Ejecutivo. Entre las medidas señaladas como antiindustriales están: la derogación de la Ley de Compre Nacional y del programa PRODEPRO (DNU 70/2023); la eliminación de licencias de importación y la rebaja de aranceles para línea blanca, neumáticos y plásticos (Decreto 384/2024) y bienes de capital (Decreto 513/2025); la modificación del Régimen Antidumping; la disolución de la Secretaría PyME (agosto de 2025), la eliminación de créditos subsidiados del Banco Nación y BICE, y el recorte de 854 técnicos e investigadores en el INTI. Además, la ejecución presupuestaria real entre enero-julio 2026 y el mismo período de 2023 cayó 77,3% en la Secretaría de Industria, 49,9% en el INTI, 49,5% en el INASE y 21,4% en el INTA.
La industria manufacturera representa cerca del 18% del PBI, concentra la mitad de la inversión privada en I+D y genera 2,5 millones de empleos directos con salarios superiores al promedio. El CEPA concluye que el modelo actual, ejemplificado en el RIGI de la Ley Bases, prioriza la exportación primaria sobre la cadena de valor industrial. Sin crédito productivo, con tarifas energéticas dolarizadas y competencia desigual frente a importaciones, el país arriesga una primarización estructural y una pérdida irreversible de densidad productiva.
Contexto: Históricamente, Argentina desarrolló un tejido industrial diversificado desde mediados del siglo XX, con políticas de sustitución de importaciones que impulsaron sectores como el automotriz, textil y metalmecánico. Sin embargo, las crisis recurrentes y los cambios de políticas económicas han generado ciclos de auge y caída, con períodos de apertura comercial que a menudo afectaron a la producción local.
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