06 sep 2026
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El drástico viraje de Milei sobre Malvinas: de la autodeterminación a la mano dura

El drástico viraje de Milei sobre Malvinas: de la autodeterminación a la mano dura

Entre abril de 2025 y septiembre de 2026, la postura del presidente Javier Milei respecto a las Islas Malvinas experimentó una transformación notable en lo político, diplomático y discursivo, un giro de 180 grados que sorprendió a propios y extraños.

En un lapso de 17 meses, el mandatario pasó de defender el principio de autodeterminación de los isleños, una postura que le valió duras críticas de excombatientes y de amplios sectores políticos, a pronunciar el mensaje más firme de su gestión sobre el archipiélago. En esa alocución, calificó a los kelpers como una “población implantada”, denunció la ocupación ilegal británica, anunció sanciones contra petroleras que operan en la zona y delineó una nueva estrategia de defensa de la soberanía.

Este cambio se dio en un contexto internacional que, según el gobierno, resultaba propicio para el reclamo argentino. Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, el inminente desarrollo del yacimiento petrolero Sea Lion y la creciente tensión diplomática con Londres fueron factores clave. Además, el gesto de la Selección Argentina de exhibir una bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” tras vencer a Inglaterra en el Mundial 2026 reavivó el tema en la agenda pública.

El contraste entre ambos discursos es uno de los cambios de postura más llamativos de Milei desde que asumió. El 2 de abril de 2025, en el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, en la plaza San Martín, el presidente afirmó que la recuperación de las islas debía lograrse por la vía diplomática, buscando convencer a los habitantes del archipiélago para que voluntariamente decidieran integrarse al país.

En esa ocasión, expresó: “Nosotros buscamos ser una potencia para que los malvinenses prefieran ser argentinos. Queremos que llegue el día en que ellos decidan, democráticamente, votar con los pies y elegir ser parte de la Argentina”. Y agregó: “No vamos a buscar la recuperación mediante la fuerza. La vamos a conseguir siendo un país próspero, libre y desarrollado, para que quienes viven allí quieran pertenecer a esta Nación”. También mencionó que “el voto de los habitantes de las islas será un elemento fundamental cuando la Argentina vuelva a ejercer soberanía” y habló de un proceso “largo y paciente” basado en negociaciones internacionales.

Estas palabras fueron vistas como un reconocimiento implícito al principio de autodeterminación, algo que la diplomacia argentina ha rechazado históricamente, argumentando que los isleños no son un pueblo originario sino una población establecida por la potencia ocupante tras la expulsión de las autoridades argentinas en 1833. La Constitución Nacional, la resolución 2065 de la ONU y la política exterior argentina desde la recuperación democrática sostienen esta doctrina.

El escenario comenzó a cambiar a mediados de 2026. Tres factores simultáneos devolvieron a Malvinas al centro de la escena internacional. Primero, el avance del proyecto petrolero Sea Lion, al norte del archipiélago, uno de los mayores descubrimientos offshore del Atlántico Sur, con reservas estimadas en unos 1.700 millones de barriles. Las empresas Rockhopper Exploration (británica) y Navitas Petroleum confirmaron el inicio de la producción comercial hacia 2028, lo que implicó nuevas perforaciones y operaciones logísticas.

Segundo, el inesperado pronunciamiento de Donald Trump, quien declaró que Estados Unidos estaba “revisando su posición histórica” sobre la disputa de soberanía y que analizaría abandonar la neutralidad tradicional. Sin reconocer explícitamente la soberanía argentina, Trump mencionó “nuevas circunstancias estratégicas” en el Atlántico Sur, lo que fue interpretado en Buenos Aires como un respaldo político y diplomático.

Tercero, el factor deportivo: tras clasificar a las semifinales del Mundial 2026, los jugadores argentinos celebraron con una bandera que decía “Las Malvinas son Argentinas”. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, fueron difundidas por la AFA y los propios futbolistas, y generaron apoyo masivo en Argentina, aunque críticas en medios británicos.

En este contexto, Milei preparó una cadena nacional dedicada al Atlántico Sur. El mensaje mostró un cambio total de tono y contenido. Desde el inicio, afirmó: “Las Islas Malvinas son argentinas por historia, por geografía y por derecho. No existe discusión posible sobre ese punto”. Luego señaló: “Los habitantes actuales de las islas constituyen una población implantada por el Reino Unido luego de la ocupación ilegal de 1833. Esa población no tiene derecho a decidir sobre la soberanía de un territorio argentino”. Esta frase implicó un abandono explícito de su postura anterior.

En la cadena nacional, también sostuvo: “El Reino Unido expulsó por la fuerza a las autoridades argentinas y reemplazó a esa población por colonos británicos. Esa situación nunca fue reconocida por la comunidad internacional”. Y añadió: “La autodeterminación no puede utilizarse para consolidar una ocupación colonial. La comunidad internacional reconoce que aquí existe una disputa de soberanía entre dos Estados”. Estas expresiones coincidieron con la doctrina histórica de la Cancillería argentina y las resoluciones de la ONU desde 1965.

El presidente endureció su discurso contra Londres: “El Reino Unido es hoy una potencia en decadencia que pretende sostener un enclave colonial en pleno siglo XXI”. También calificó la explotación unilateral de recursos naturales como “un acto de piratería económica” y anunció medidas para impedir que empresas vinculadas a Sea Lion operen en territorio argentino o contraten con el Estado.

Entre las medidas anunciadas se incluyen: la modificación de la Ley 26.659 para acelerar sanciones administrativas y económicas contra empresas que exploten hidrocarburos sin autorización argentina; la ampliación de sanciones a accionistas, proveedores y compañías logísticas que participen indirectamente en el proyecto; el envío al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para fortalecer el marco penal y económico; la creación de un Consejo de Seguridad Nacional para infraestructura estratégica y recursos naturales; y la ampliación de la Base Naval Integrada de Ushuaia como plataforma logística en el Atlántico Sur y la Antártida.

Contexto: La disputa por las Islas Malvinas tiene raíces históricas profundas. Desde la ocupación británica en 1833, Argentina ha mantenido un reclamo de soberanía, que fue respaldado por la resolución 2065 de la ONU en 1965, instando a una solución pacífica. La guerra de 1982 entre Argentina y el Reino Unido dejó una herida abierta, y desde entonces, el reclamo ha sido una constante en la política exterior argentina, aunque con distintos matices según los gobiernos.

(Fuente: Noticias – Gustavo Winkler)

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